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El síndrome del «SAPO»

Julian Carreño

Cada vez que me propongo revisar en Internet alguna publicación interesante, me sumerjo en temas que despiertan el interés por investigar de qué tratan. Muchos de estos temas están a la vista, pero somos incapaces de observarlos con una mirada crítica; por esa razón requieren mayor profundidad en sus análisis. Tal es el caso del síndrome del “SAPO”.

La importancia de detectar a tiempo el síndrome del «SAPO»

Este síndrome estaba afectando gravemente un importante emprendimiento del que soy co-fundador; y lo peor del caso es que no me había dado cuenta. Todo comenzó en 2019, cuando decidí “incursionar” en el mundo del comercio de equipos de computación con mi cabeza llena de ideas y proyectos, pensando que sería el mejor camino para un futuro promisor.

A diferencia de lo que muchos escriben: “una historia de éxito”, les cuento que en esa época invertí casi la totalidad de mis utilidades ese nuevo proyecto. No elaboré un plan de negocio; actué por impulso, y todo se vino a pique.  Allí ocurrió el primer fracaso. Dicho fracaso se convirtió en una dolorosa enseñanza que además de afectar la economía familiar sirvió de escudo protector para el futuro.

Pasaron unos años, y luego de ese tropiezo inicial, surgieron nuevas ideas gracias a que había alcanzado un mayor grado de madurez. Me dediqué al crecimiento personal a través de estudios de postgrado que abrieron un compás de posibilidades gracias a los conocimientos, habilidades y destrezas obtenidas. Me di cuenta de la importancia de la preparación antes de cualquier emprendimiento.

Hace siete años; y con la seguridad de que era el momento preciso para arrancar con una base sólida un nuevo proyecto, inicié como co-fundador, esperanzado en que esta vez no habría tropiezos. Todo arrancó de maravillas; pero, pesar del blindaje implementado, no me percaté de que en este nuevo proyecto también se había colado un SAPO que hace apenas unos días pude detectar.

¿Qué significa “SAPO”?

El término “SAPO” (según el diccionario de la Lengua Española) significa “anfibio anuro (sin cola) de cuerpo rechoncho y robusto, ojos saltones, extremidades cortas y piel de aspecto verrugoso”. Este término; dependiendo del país, recibe diferentes denominaciones como: bicho cuyo nombre se ignora, persona con torpeza física, un hilo gordo en un tejido que pone en duda su autenticidad.

También se le denomina “SAPO”, al juego “de la rana”,  al mirón o espía, a quien es miembro de un cuerpo de policía, a un pez pequeño que vive en la desembocadura de los ríos, a una persona rica, al soplón o delator, a la persona que importuna con su presencia a una pareja de enamorados, y por último: persona de baja estatura (entre otros).

Lo curioso del caso, es que ninguna de las denominaciones anteriores del “SAPO” se relaciona con el tema que vamos a tratar a continuación. Para entrar en contexto nos trasladamos a una organización cualquiera (institución pública o privada,  industria,  comercio u oficina). Dentro de estas tomaremos como referencia la última (una oficina), donde la curiosidad me llevó a investigar.

El “SAPO” en la oficina.

Ubícate en forma hipotética, en la persona del propietario, gerente, director o jefe de una oficina localizada en el piso 10 de un edificio, y pregúntate qué hacer si tienes un sapo en tu oficina. La primera acción que se te viene a la mente, es darle instrucciones a alguien para que revise todos los rincones.  Esta persona te preguntará si lo has visto,  y cuáles son sus características.

De seguro responderás que el “SAPO” que buscamos no es un anfibio, sino que se refiere a un síndrome que está amenazando el rendimiento del equipo de trabajo. En muchas organizaciones, alcanzar los objetivos depende de un clima laboral saludable y de una productividad eficiente; sin embargo, a veces el entorno se ve saboteado por un enemigo sigiloso y peligroso: el “SAPO”.

El acrónimo “SAPO” es utilizado para describir dos problemas empresariales completamente distintos: uno de ellos “destruye la convivencia”, a través de actitudes tóxicas de algún miembro del  equipo. El otro “aniquila la productividad”, aplastando mentalmente a los miembros colaboradores. A continuación, veremos en qué consiste cada “SAPO”, y cómo puedes diferenciar uno del otro.

El “SAPO” conductual (soberbia, arrogancia, prepotencia y obstinación).

Este “SAPO” es el más conocido. Este síndrome agrupa actitudes peligrosas donde el individuo (ya sea un líder o un colaborador) cree tener siempre la razón, se niega a escuchar otras opiniones y rara vez ofrece disculpas. Es el compañero que menosprecia la labor de los demás, presume constantemente su autoridad para intimidar y se aferra a sus propias ideas mostrando una total rigidez mental.

El otro “SAPO” (síndrome de la acumulación de proyectos olvidados).

Es un fenómeno que ocurre cuando los trabajadores se ven profundamente abrumados por una avalancha de proyectos y tareas pendientes que, por falta de tiempo o recursos, se han ido postergando u olvidando. A diferencia del primer “SAPO”, no es un problema de mala actitud, sino de saturación y colapso logístico. En el caso de mi primer emprendimiento, este es el “SAPO” que pude detectar.

Diferencias entre el “SAPO” conductual, y el “SAPO” de los proyectos olvidados

El “SAPO conductual: caracterizado porla soberbia, la arrogancia, la prepotencia y la obstinación, tiene profundas raíces psicológicas; este síndrome suele ser un mecanismo de defensa que utilizan las personas para ocultar inseguridades, y se asocia a fenómenos como el efecto Dunning-Krugeroel Síndrome de Hubris, donde el ego y el poder nublan el juicio de la persona.

El “SAPO” de los proyectos olvidados: este síndrome nace de fallas organizacionales: una de ellas puede ser una mala gestión del tiempo; otra puede ser la  falta de comunicación o la asignación desequilibrada de tareas por parte de los líderes hacia sus colaboradores. Suele ser muy común en aquellas organizaciones donde la productividad se mide en rendimiento.

El rol del individuo (Verdugo vs. Víctima):

La persona que padece el “SAPO” conductual, actúa como un «verdugo» que genera división, desconfianza y un clima de terror en su equipo; por otra parte,  quien sufre de la acumulación de proyectos olvidados, es la víctima de la situación. La acumulación constante de asuntos pendientes lo lleva a una sensación de agobio absoluto, mermando su motivación y concentración.

Las señales de alarma que nos permiten detectar al “SAPO” conductual

Al  “SAPO” conductual lo detectas por las  respuestas irónicas , por su incapacidad para admitir errores y por su rechazo al éxito ajeno. Al “SAPO” de los proyectos olvidados, lo identificas porque el miembro colaborador comienza a mostrar un aumento evidente de estrés, ansiedad, irritabilidad y una constante falta de cumplimiento en sus plazos de entrega.

Conclusión

Tener cualquiera de los dos «SAPOS» en la organización es un indicador de que algo está fallando, y sus efectos son devastadores, pero afortunadamente, ambos tienen solución. El “SAPO” conductual se combate sustituyendo el ego por la empatía, fomentando un buen liderazgo, y capacitando a los miembros del equipo de trabajo en habilidades blandas, como la comunicación asertiva.

El “SAPO” de los proyectos olvidados, se erradica en una organización promoviendo la comunicación abierta, ofreciendo herramientas de gestión del tiempo y, sobre todo, garantizando que la carga de trabajo se distribuya de forma equitativa. Frenar a un líder tóxico, o aliviar la carga de un empleado saturado, es la verdadera clave para retener el talento, y lograr el éxito.

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